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A veces la vida nos pone momentos inolvidables en frente.
A veces la vida nos pone obstáculos al frente.
A veces la vida nos hace llorar.
A veces la vida nos hace reír.
pero los recuerdos que quedan son tan potentes que se pueden escribir en papel o en una hoja virtual ...
Enjoy

domingo, 15 de enero de 2012

Baby on board

Iba en la micro esa mañana, tipo 8, sentada en el fondo de la máquina. El sol brillaba en el cielo, pero la luna aún podía verse detrás de unas rebeldes nubes. Escuchaba una canción de Adele en mi mp4, esa que todo el mundo tiene pegada, comiendo una humilde barrita de cereal hecha en casa. Se subieron uno tras otro señoras con mirada petulante, señores con sus bolsos del trabajo, jóvenes con sus celulares a todo volúmen y jovencitas con lentes de sol. Todos se sentaron y la micro se llenó rápidamente. Mas de lo usual. Una señora se subió entonces: era alta, de pelo castaño y lucía una prominente guatita de embarazada, de esas que van a dar a luz en cualquier momento, pensé yo. Detrás suyo, un caballero llevaba un bolso y le murmuraba algo que no alcancé a oír. Y ella ponía cara de dolor de vez en cuando. Nadie se levantó. Las personas de pie miraron a los jovencitos, pero ninguno se paró: miraron afuera y se hicieron los lesos.Las señoras de mirada petulante también miraban fuera. Una miró a un señor como hablándole con la mirada, pero no hizo nada mas. La señora se abrió paso. Una abuelita intentó darle el asiento, pero un señor le dijo que no, que alguien mas lo daría, pero los de alrededor se hicieron los lesos. Yo tomé mis cosas, pues me dió cosita ver a la señora a punto de parir, literalmente. Me levanté, le dí unos golpecitos en el hombro a la señora señalando el asiento que había dejado vacío, pero al hacerlo me di cuenta que una señora lo había ocupado. Me dieron ganas de agarrarla a garabatos, pero creo que mi mirada de odio lo dijo todo. Un caballero se levantó al ver lo que intenté hacer y le dió el asiento a la señora embarazada, que sonrió con alivio y agradeció. El señor que iba con ella se lo agradeció hablando bien fuerte, con su voz paltona, dando a entender que era alguien de dinero y que jamás nadie había hecho algo tan significativo en una micro por su mujer y por el, por su familia, fuera de la pega, donde todos eran chupamedias con el por ser uno de los mandamases. El humilde señor al que hablaba solo sonrió diciendo que no le agradeciera, pues cualquiera lo hubiera hecho en su lugar. En el fondo yo pensaba que no tenía razón ... era cosa de ver los hechos.
Fue una lección, aunque ninguno de los que iba allí pudo escuchar bien lo que dijo el caballero por la música del joven flaite que iba a todo chancho.

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