Welcome to ...

A veces la vida nos pone momentos inolvidables en frente.
A veces la vida nos pone obstáculos al frente.
A veces la vida nos hace llorar.
A veces la vida nos hace reír.
pero los recuerdos que quedan son tan potentes que se pueden escribir en papel o en una hoja virtual ...
Enjoy

lunes, 16 de enero de 2012

Anti-ego

Una vez en un workshop, los argentinos nos hicieron escribir una historia que contara una característica para la marca Absolut. Yo había pasado por un suceso triste y escribí lo siguiente. La historia se llamó "Absolut Anti Ego". Espero les guste. A probado por mentes argentinas ^-^

El ego de el.

Yo estaba en el autobús hoy y me fije en una joven que estaba sentada en el lado opuesto de mí.Puso las piernas en el asiento frente a ella y las tomó del suelo inmediatamente, acurrucándose. Poco después, ella empezó a llorar. Estaba muy tranquilo, pero me rompió el corazón, me conmovió: era demasiado doloroso para mí verla, porque yo estaba sentado frente a ella, y no podía llegar a ella sin llamar la atención, porque no había poca gente en el bus, y yo no estaba muy seguro de que le gustaría eso. Cuando el autobús llegó a la última parada, traté de caminar hacia ella, pero prácticamente salió corriendo y se puso a hablar en voz alta. Fue tan extraño. Ella ha estado en mi mente todo el día y sigo pensando que podría haber hecho o dicho algo para hacerla sentir mejor.

El ego de ella

Hace pocas horas terminé con el ….. me sentí tan mal ….. senti que mi mundo se anulaba y que todo se volvia negro. Camine desde su casa hasta el paradero y no podia parar de llorar. Pensaba en todo lo que habia sucedido y lloraba y lloraba. Me subi a la micro y segui llorando. Me sente y trate de no hacerlo para no llamar la atención. Pero no podia, era mas fuerte que yo … La gente me miraba como si tuviera peste … sentí que quería q alguien se interesara por mi, pero no fue así, porque todos se alejaban o se hacían los tontos al verme llorar. Entonces decidí acurrucarme y dejar que pasara. Aunque las intenté detener mis lagrimas brotaban por si solas. Yo quise parar en aquel momento pero no pude. Al llegar al último paradero salí corriendo y tratando de hablar lo mas fuerte posible para olvidarme de la soledad que sentí en aquella micro.

domingo, 15 de enero de 2012

Baby on board

Iba en la micro esa mañana, tipo 8, sentada en el fondo de la máquina. El sol brillaba en el cielo, pero la luna aún podía verse detrás de unas rebeldes nubes. Escuchaba una canción de Adele en mi mp4, esa que todo el mundo tiene pegada, comiendo una humilde barrita de cereal hecha en casa. Se subieron uno tras otro señoras con mirada petulante, señores con sus bolsos del trabajo, jóvenes con sus celulares a todo volúmen y jovencitas con lentes de sol. Todos se sentaron y la micro se llenó rápidamente. Mas de lo usual. Una señora se subió entonces: era alta, de pelo castaño y lucía una prominente guatita de embarazada, de esas que van a dar a luz en cualquier momento, pensé yo. Detrás suyo, un caballero llevaba un bolso y le murmuraba algo que no alcancé a oír. Y ella ponía cara de dolor de vez en cuando. Nadie se levantó. Las personas de pie miraron a los jovencitos, pero ninguno se paró: miraron afuera y se hicieron los lesos.Las señoras de mirada petulante también miraban fuera. Una miró a un señor como hablándole con la mirada, pero no hizo nada mas. La señora se abrió paso. Una abuelita intentó darle el asiento, pero un señor le dijo que no, que alguien mas lo daría, pero los de alrededor se hicieron los lesos. Yo tomé mis cosas, pues me dió cosita ver a la señora a punto de parir, literalmente. Me levanté, le dí unos golpecitos en el hombro a la señora señalando el asiento que había dejado vacío, pero al hacerlo me di cuenta que una señora lo había ocupado. Me dieron ganas de agarrarla a garabatos, pero creo que mi mirada de odio lo dijo todo. Un caballero se levantó al ver lo que intenté hacer y le dió el asiento a la señora embarazada, que sonrió con alivio y agradeció. El señor que iba con ella se lo agradeció hablando bien fuerte, con su voz paltona, dando a entender que era alguien de dinero y que jamás nadie había hecho algo tan significativo en una micro por su mujer y por el, por su familia, fuera de la pega, donde todos eran chupamedias con el por ser uno de los mandamases. El humilde señor al que hablaba solo sonrió diciendo que no le agradeciera, pues cualquiera lo hubiera hecho en su lugar. En el fondo yo pensaba que no tenía razón ... era cosa de ver los hechos.
Fue una lección, aunque ninguno de los que iba allí pudo escuchar bien lo que dijo el caballero por la música del joven flaite que iba a todo chancho.